El activismo feminista no es solo una palabra; es nuestra práctica diaria en nuestros centros de trabajo, en las aulas y en las calles. Es la defensa colectiva de una vida digna. Hoy, ante una ofensiva reaccionaria sin precedentes, nuestro activismo feminista es más urgente que nunca. Decimos basta: basta de que nada cambie, basta de promesas vacías y de avances a cuentagotas. Es el momento de que las mujeres tomemos el protagonismo para escribir nuestra propia historia. Alzamos la voz para impulsar un cambio profundo: social, político, económico, ambiental y, por supuesto, feminista.
Desde el Espacio Feminista de USTEA, dirigimos nuestra lucha a demoler el sistema cisheteropatriarcal y capitalista que nos explota. Un sistema que nos niega la igualdad mediante un machismo estructural que nos cosifica, nos priva de derechos fundamentales, perpetúa la brecha salarial y consiente las violencias machistas en todas sus formas: feminicidios, misoginia y un sin fin de violencias simbólicas.
Memoria, Resistencia y Justicia Social
Desde que en el siglo XV Christine de Pizan denunciara la subordinación de las mujeres, la genealogía feminista no ha dejado de crecer. Sin embargo, en pleno siglo XXI, los avances logrados por nuestras antecesoras se ven amenazados por la extrema derecha. En Andalucía, sufrimos especialmente el empuje de quienes quieren devolvernos al ámbito privado, negándonos la condición de sujetos de derecho y pretendiendo que la servidumbre al patriarcado sea nuestra única opción. Frente a quienes quieren borrar nuestros logros, nosotras nos reafirmamos en nuestra genealogía: escribir nuestra propia historia exige no dar ni un paso atrás en los derechos conquistados.
Frente a su odio, nuestra sororidad. Frente a su individualismo, nuestra movilización colectiva. Somos las mujeres quienes movemos el mundo, combinando la estrategia sindical con la empatía y los cuidados, porque sabemos que no habrá justicia social si no es feminista.
Nuestras Reivindicaciones: Por una Andalucía Feminista y Pública
Este 8M, denunciamos las violencias y desigualdades que atravesamos como trabajadoras, porque no permitiremos que la precariedad sea el relato de nuestras vidas:
- Precariedad, suelos pegajosos y techo de cristal. La paridad estadística es un espejismo. En el mercado laboral, y también en la Administración Pública, las mujeres seguimos sufriendo la temporalidad en los sectores más feminizados y enfrentando obstáculos para el acceso a puestos de decisión. Exigimos cambios estructurales reales, no parches que perpetúen nuestra situación.
- Brecha salarial y de pensiones. No es solo que cobremos menos por el mismo trabajo; es que los complementos salariales y la estructura del mercado laboral castigan sistemáticamente a las mujeres. Esta brecha se ensancha para las compañeras racializadas, con diversidad funcional o migrantes, a quienes el sistema expulsa de toda protección.
- Acoso en el centro de trabajo. Exigimos tolerancia cero ante el acoso sexual y por razón de sexo. Los protocolos en las empresas y en la Administración Pública no pueden ser papel mojado; necesitamos recursos reales y formación feminista para que ningún entorno laboral sea un espacio de impunidad patriarcal.
- La crisis de los cuidados. La conciliación es una trampa si no hay una corresponsabilidad pública. No queremos «ayudas» para cuidar; exigimos servicios públicos de calidad que desprivaticen los cuidados que hoy recaen sobre nuestras espaldas. Demandamos también condiciones laborales y sueldos dignos para las trabajadoras del hogar y cuidados. Basta de que el sistema se sostenga sobre nuestro tiempo y nuestra salud.
- Coeducación para la transformación. Exigimos la educación afectivo-sexual temprana, pública y laica. La educación es la herramienta más poderosa contra la normalización de la violencia sexual entre la juventud y el avance del discurso de odio en las aulas. Es en las aulas donde empezamos a escribir una historia libre de machismos.
- Derechos reproductivos. El aborto legal, seguro y gratuito debe ser una realidad accesible en la sanidad pública para todas las mujeres en todo nuestro territorio. Basta de derivaciones a clínicas privadas y de objeciones de conciencia que vulneran nuestro derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.
Solidaridad Internacionalista y Antimilitarista
Vivimos un momento de conflictos globales donde las mujeres y las niñas son utilizadas como botín de guerra. Desde USTEA, denunciamos la exclusión de las mujeres de las mesas de paz y el gasto militar desmedido mientras se recortan los servicios públicos. Como dice Sima Bahous: no necesitamos promesas, necesitamos poder, protección y participación igualitaria.
Por todo ello, desde el Espacio Feminista de USTEA, hacemos un llamamiento a todas las trabajadoras andaluzas a vaciar las casas y los centros de trabajo para llenar las calles. Gritamos con fuerza que estamos hartas de la inmovilidad. Basta de que nada cambie:
¡Aquí estamos nosotras para escribir nuestra propia historia!
¡La ola reaccionaria no pasará si nos encuentra unidas!
¡Vivas, libres y combativas nos queremos!
Andalucía, 8 de marzo de 2026




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