26 de abril: DÍA DE LA VISIBILIDAD LÉSBICA

La visibilidad lésbica sigue siendo una asignatura pendiente en una sociedad que presume de derechos mientras mantiene intactas muchas de las estructuras que nos silencian. Y si esto es evidente en el ámbito social, aún lo es más en el mundo del trabajo.

👉 Desde el ámbito educativo, esta invisibilidad también se reproduce en los centros escolares, donde el silencio, la falta de referentes y los currículos androcéntricos y heteronormativos contribuyen a perpetuarla desde edades tempranas.

Desde una perspectiva sindicalista, la invisibilidad de las lesbianas no es casual: es funcional. El sistema productivo se sostiene sobre desigualdades estructurales que atraviesan el género, la clase y también la orientación sexual. Las mujeres lesbianas sufrimos una doble opresión: por ser mujeres en un mercado laboral precarizado y por no encajar en la norma heterosexual que sigue marcando las relaciones sociales, laborales e institucionales.

👉 El sistema educativo no es ajeno a estas dinámicas, ya que forma parte de la estructura social que reproduce —o puede cuestionar— estas desigualdades.

¿Cuántas trabajadoras no se atreven a hablar de su vida personal en el trabajo? ¿Cuántas tienen que esquivar preguntas, ocultar parejas o soportar comentarios disfrazados de humor? La lesbofobia no siempre se presenta de manera explícita; a menudo es sutil, cotidiana, estructural. Está en las promociones que no llegan, en los silencios incómodos, en la falta de referentes, en el miedo a perder el puesto de trabajo.

👉 En los centros educativos, estas mismas dinámicas se trasladan tanto al profesorado como al alumnado, generando entornos donde la diversidad afectivosexual sigue siendo invisibilizada o tratada de forma superficial.

Ante esto, el sindicalismo no puede ser neutral. O está al lado de la diversidad y la justicia social, o se convierte en cómplice del sistema que dice combatir. Incorporar la realidad de las mujeres lesbianas en la agenda sindical no es una cuestión accesoria, es una exigencia de coherencia. Es necesario negociar protocolos contra la discriminación, impulsar planes de igualdad que incluyan la diversidad afectivosexual, garantizar espacios de trabajo seguros y libres de LGTBI-fobia, y sobre todo, dar voz a las trabajadoras que históricamente han sido silenciadas.

👉 En el ámbito educativo, esto implica desarrollar planes de igualdad reales en los centros, aplicar la coeducación de forma transversal y garantizar que el profesorado cuente con formación y herramientas para abordar la diversidad afectivosexual en el aula.

Pero también hay que ir más allá de las medidas formales. La transformación real pasa por cuestionar el modelo laboral que precariza nuestras vidas. Las mujeres lesbianas, como tantas otras, sostenemos la vida en condiciones cada vez más duras: contratos temporales, salarios bajos, jornadas interminables y una conciliación que sigue siendo una ficción. La lucha por la visibilidad no puede desligarse de la lucha por unas condiciones de vida dignas.

👉 En educación, esto se traduce en la necesidad de unas condiciones laborales dignas para el profesorado, que permitan construir espacios educativos seguros, inclusivos y comprometidos con la igualdad real.

Reivindicarnos visibles es también reivindicarnos organizadas. Es construir espacios colectivos donde compartir experiencias, tejer redes y generar poder. Es entender que nuestra realidad no es una cuestión individual, sino política. Y que solo desde la acción colectiva podremos transformarla.

👉 La escuela pública debe ser también ese espacio colectivo donde se fomente el pensamiento crítico, la organización y el respeto a la diversidad.

Este 26 de abril no queremos solo ser visibles. Queremos ser escuchadas, respetadas y con derechos reales. En las calles y en los centros de trabajo. Porque sin las mujeres lesbianas, no hay ni feminismo completo ni sindicalismo transformador.

👉 Y tampoco hay educación democrática sin reconocimiento y respeto a todas las identidades y orientaciones.

Desde USTEA lo tenemos claro: no dejaremos nunca a ninguna trabajadora atrás, sea cual sea su orientación sexual. La defensa de los derechos laborales solo es real si es inclusiva, si reconoce todas las realidades y si combate cualquier forma de discriminación. Porque la igualdad no admite excepciones, y la dignidad tampoco.

👉 Por ello, seguimos defendiendo una educación pública andaluza que integre la diversidad afectivosexual como parte esencial de la formación del alumnado y del desarrollo profesional docente, en línea con la normativa vigente en materia de igualdad y derechos LGTBI.

La visibilidad no es un gesto. Es una herramienta de lucha.

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